Los 7 Demonios del Hades; proyecto conceptual con una fuerza tremenda que explora los siete pecados capitales a través del Heavy Metal Melódico para sumergirse en la psicología humana más oscura, utilizando la potencia del género para retratar esas batallas internas contra nuestros propios demonios.
El álbum comienza con La Lujuria desde esta perspectiva —no como un simple acto carnal, sino como un engaño mental, un instinto animal que se disfraza de romance o compromiso para arrastrarnos a la autodestrucción— le da una madurez lírica excelente.Continuar esta travesía con La Ira es un paso sumamente poderoso. Retratar este pecado desde sus manifestaciones más silenciosas —como el veneno de una mirada o el resentimiento de una crítica— hasta su explosión más devastadora y brutal, encaja a la perfección con la dinámica del Heavy Metal Melódico. Permite que la música crezca en tensión, pasando de la contención a la pura descarga de distorsión y furia. Esta pieza musical captura precisamente ese momento en el que la acumulación de silencios estalla en un coro destructivo y lleno de energía.La Soberbia es el pecado original, la raíz de todos los demás, y por ello pide a gritos un tinte Sinfónico y Épico. La música debe sonar majestuosa, pomposa y desbordante de grandeza, utilizando coros operísticos y arreglos de cuerdas para imitar ese "pedestal de dios" en el que se sitúa el personaje de la historia, mientras que los riffs de guitarra cortantes y despiadados representan el desdén absoluto hacia los demás.Para La Avaricia, un sonido pesado, asfixiante y mecánico, con un ritmo machacante que simule los engranajes de una máquina que nunca deja de devorar. La música debe transmitir esa ansiedad constante de querer más, un pulso rítmico obsesivo donde las guitarras suenan afiladas como monedas y el coro se eleva de forma desesperada, reflejando el vacío de un saco roto que jamás se podrá llenar.Para La Gula, la obra se transforma en una experiencia grotesca, pesada y frenética. La música debe sonar gorda, con un bajo hiperdistorsionado que se arrastra y guitarras con un groove sucio y aplastante que imita el pulso de un festín descontrolado. El ritmo es primitivo y tribal, atrapando al oyente en un bucle de decadencia donde el coro estalla con una desesperación carnal, reflejando el descenso absoluto hacia los apetitos más salvajes.La Envidia es, sin duda, uno de los demonios más duales y psicológicos de este viaje conceptual. Esa delgada línea donde el dolor por el éxito ajeno se bifurca en dos caminos: la admiración que te impulsa a crecer, o el veneno puro que desea destruir al otro para que caiga a tu mismo pozo de miseria.El Final de este viaje conceptual con el Acto VII: La Pereza. Abordarla desde la perspectiva de la apatía existencial —el abandono de uno mismo, el conformismo ciego ante el sistema, y la renuncia a luchar por la salud, la justicia o el amor— le da un cierre trágico, filosófico y profundamente humano a la obra. Es la muerte en vida antes de que llegue la muerte real.Gracias por adquirir esta obra. Atte. César Navarrete “Hades”Fragmento del Acto III: Soberbia (El Trono de Espejos)
Fragmento del Acto VI: Envidia (El Espejo Envenenado)Métodos para adquirir el material por solo $100 (cien pesos mexicanos):
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